La guerra entre Israel-EE. UU. e Irán evidencia una desgarradora realidad implícita. El discurso político de Donald Trump, normalmente despachado mediante la simple dicotomía de “buenos (nosotros) y malos (ellos)” esconde, en la mayoría de los casos, la lucha desatada por el acceso a los recursos energéticos y su control.
Se demostró con la firma del acuerdo con Ucrania para acceder a las reservas de minerales críticos y, más recientemente, con la intervención en Venezuela para aumentar el control de su producción petrolera.
Una de las claves de la intervención en Venezuela es el hecho de que las reservas probadas venezolanas son de en torno al 17 % de las reservas totales mundiales. Sin duda es un recurso apetitoso para las empresas petroleras estadounidenses y su potencial expansión y crecimiento.
Ahora, le ha tocado a Irán y, por extensión, a la región de Oriente Medio. Estos territorios atesoran prácticamente cerca de la mitad de las reservas mundiales de petróleo y del 40 % de las de gas natural. Irán dispone de una cuota del 12 % de las reservas mundiales de crudo, así como del 3,3 % de la producción y del 4 % del comercio marítimo de este recurso.
El dato relevante es la identificación del principal cliente de este petróleo: China compra la mayor parte de la producción petrolera iraní. En cuanto al gas natural, podríamos decir que sufre un “cuello de botella”, ya que se le reconoce el 17 % de las reservas mundiales y produce en torno al 5% del gas, pero tan sólo alcanza el escaso 1 % del comercio global. La razón no es otra que Irán carece de infraestructura para la conversión en gas natural licuado que permita su exportación por vía marítima.
Ormuz marca la respiración de Oriente Medio y de los mercados
Un elemento crítico en esta guerra está siendo el estrecho de Ormuz, enclave geoestratégico para el comercio mundial tanto de petróleo y gas como de otras mercancías claves para las economías mundiales. Así, más de una cuarta parte del comercio mundial del petróleo y una quinta parte del de gas natural transita por Ormuz.
El estrecho es vital para países como el propio Irán, Kuwait, Catar y Baréin, ya que es su única ruta marítima para la exportación de petróleo. Si ampliamos el análisis, el crudo iraní supone casi el 12 % del total exportado en la región de Oriente Medio, ocupando el cuarto puesto en relevancia. Concretamente, Arabia Saudí alcanza una cuota del 31 % del petróleo exportado por la región, Irak del 18 %, Emiratos Árabes Unidos del 16 % e Irán cierra la lista de grandes exportadores con un 11,9 %.
Del otro lado, el de la demanda, la región de Asia-Pacífico es la más afectada por el conflicto. Más del 80 % del petróleo que transita por Ormuz tiene ese destino, principalmente China, India y Japón. De hecho, más del 75 % de las importaciones japonesas de petróleo pasan por Ormuz. Pero el bloqueo del estrecho impacta también a otros mercados y cadenas de suministro (cereales, componentes industriales para automoción, fertilizantes, compuestos activos para productos farmacéuticos, etc.). Adicionalmente, la situación bélica y de inestabilidad eleva el precio de los seguros marítimos, y con ellos, el precio final de los productos importados.
Inestabilidad geopolítica: la mecha para el alza y la volatilidad en los precios
Esta situación bélica está teniendo un efecto directo sobre los precios del petróleo y, por tanto, sobre los combustibles. La escalada de precios del petróleo ha conducido a que, en los primeros 10 días de marzo, la subida haya estado entre el 20 y el 50 %.
Tras alcanzar valores superiores a los 110 dólares (precios que no se veían desde 2022, con la invasión rusa de Ucrania), se ha producido una bajada en el precio del barril hasta situarlo entre 90 y 100 dólares. Esta moderación se debe, en parte, al anuncio del presidente Trump de que la guerra contra Irán estaba “casi terminada”.
También ha influido el anuncio de liberación de 400 millones de barriles, provenientes de las reservas estratégicas de los países miembros de la Agencia Internacional de la Energía (IEA). Esta operación tendrá “un plazo adecuado a las circunstancias nacionales de cada país miembro y se complementarán con medidas de emergencia adicionales por parte de algunos países”. En todo caso, con un Ormuz bloqueado y las acciones militares activas, esta liberación puede convertir en anecdótica e irrelevante.
La guerra que Israel-EE. UU. e Irán están librando en Oriente Medio presenta un elemento diferencial que va a alargar sus efectos negativos sobre la economía mundial: la destrucción de infraestructuras de extracción y procesamiento de combustibles fósiles.
Así, mientras que el cierre temporal del estrecho de Ormuz tiene efectos negativos sobre los mercados, los ataques contra instalaciones y equipos pueden convertir el daño en estructural y prolongar la crisis de suministro.
Líder en producción y consumo y actor principal en el mercado petrolero
Estados Unidos es el líder mundial en producción petrolera (22 % del total), doblando la cuota del segundo, Arabia Saudí, y del tercero, Rusia (en torno al 11 % cada uno). Además, es el principal país consumidor petrolero (20 %), seguido por China (15 %). Por otro lado, la cuota estadounidense en el mercado de exportación de petróleo alcanza aproximadamente el 10 % sobre el total, tan sólo por detrás de Arabia Saudí (15 %) y Rusia (12 %) (que, pese a las sanciones, no ha dejado de exportarlo, fundamentalmente a China).
Con estos datos, y conociendo el perfil del presidente y magnate Donald Trump, no cuesta entender que, por desgracia para la legalidad internacional, estas intervenciones en política exterior son sólo negocios y Trump quiere la mayor parte del pastel petrolero.
Fuente: The Conversation.

