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marzo 13, 2026

Inflación en alza: el 2,9% de febrero a nivel nacional y el 3,1% del NEA vuelven a tensionar el plan económico

La inflación de febrero fue de 2,9% a nivel nacional y confirmó que el proceso de desaceleración que el Gobierno intenta mostrar como consolidado perdió impulso hace meses. El dato no solo quedó por encima de lo que esperaba el mercado, sino que además repitió el registro de enero y dejó al primer bimestre con una suba acumulada de 5,9%. En la comparación interanual, el índice general llegó a 33,1%.

En el NEA, el panorama fue más exigente. La región registró 3,1% en febrero, por encima del promedio nacional, y acumuló 7,1% en apenas dos meses. El dato vuelve a mostrar que la desaceleración no se siente con la misma intensidad en todo el país y que, en las provincias del nordeste, la presión sobre el costo de vida sigue siendo más alta.

La lectura de la serie reciente tampoco ayuda al optimismo oficial. Desde agosto de 2025, cuando el IPC nacional había marcado 1,9%, la inflación mensual fue subiendo casi sin interrupciones: 2,1% en septiembre, 2,3% en octubre, 2,5% en noviembre, 2,8% en diciembre, 2,9% en enero y nuevamente 2,9% en febrero. Más que una baja sostenida, lo que muestran los números es un proceso que se frenó y volvió a estabilizarse en niveles todavía altos para una economía que sigue bajo ajuste.

El relato oficial y la dinámica real de los precios

El Gobierno sostiene que el orden fiscal, la política monetaria contractiva y la administración cambiaria terminarán empujando la inflación a la baja. De hecho, Javier Milei volvió a afirmar esta semana que entre julio y agosto el índice mensual “va a empezar con cero”. Pero, por ahora, esa expectativa no encuentra respaldo suficiente en los datos. El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central había proyectado 2,7% para febrero y el dato real fue 2,9%. También había previsto una inflación núcleo de 2,5%, pero terminó en 3,1%.

Ese punto es central. La inflación núcleo mide la parte más persistente del proceso inflacionario, la que no depende solamente de tarifas o factores estacionales. Que ese componente haya quedado en 3,1% indica que la presión sobre los precios no está concentrada solo en ajustes puntuales, sino que sigue instalada en la estructura general de la economía. En febrero, además, a nivel nacional la división con mayor aumento fue Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con 6,8%, mientras que Alimentos y bebidas no alcohólicas subió 3,3%. En el NEA, entre las mayores variaciones se ubicaron transporte público, con 6,4%, y periódicos, diarios, revistas, libros y artículos de papelería, con 5,1%.

Qué puede pasar en los próximos meses

El escenario inmediato no parece favorable para una baja acelerada. Marzo llegó con nuevos aumentos de tarifas de agua, gas, luz y transporte, además de subas en combustibles que presionan sobre logística, distribución y costos empresariales. A eso se sumó el impacto internacional de la guerra con Irán, que volvió a empujar al alza el precio del petróleo y reabrió un frente adicional sobre la dinámica local de combustibles y energía.

En ese contexto, la idea de una inflación mensual cercana al 1% en el corto plazo aparece hoy como una hipótesis demasiado optimista. El mercado ya había quedado corto con febrero y varias estimaciones privadas comenzaron a corregir al alza las proyecciones para marzo, en una economía donde los regulados siguen ajustándose y donde la inflación núcleo todavía no muestra una baja clara.

Un plan que mantiene el ajuste, pero no resuelve el problema de fondo

El dato de febrero no implica un desborde inflacionario, pero sí vuelve a exponer un límite del programa económico. El Gobierno puede exhibir superávit fiscal y una estrategia monetaria restrictiva, pero no puede sostener, por ahora, que tenga dominado el proceso inflacionario. La inflación dejó de bajar, el NEA sigue por encima del promedio nacional y los próximos meses combinan tarifas, combustibles y presión externa.

La expectativa más realista hoy no es una caída rápida del índice, sino una inflación que continúe en torno del 3% mensual o con riesgo de volver a superar ese nivel si los aumentos regulados y el contexto internacional profundizan la presión. En ese marco, la promesa oficial de una desaceleración marcada en el segundo semestre sigue siendo, por ahora, más una apuesta política que una tendencia confirmada por los números.