El cruce entre el gobernador Leandro Zdero y el exgobernador Jorge Capitanich volvió a mostrar este viernes una dinámica cada vez más frecuente en la política chaqueña: una discusión que empieza por temas de gestión y termina absorbida por agravios, acusaciones y redes sociales.
El detonante fue una publicación de Capitanich sobre el nuevo esquema nacional de concesiones viales, en la que cuestionó la falta de reacción de los gobernadores frente a la situación de rutas, puentes y puertos, y advirtió que en Chaco “la paciencia no es infinita”.

La crítica del exmandatario apuntó al impacto que tendría en la provincia el rediseño de los corredores nacionales. Según el planteo que difundió, el esquema cubriría solo una parte de los casi 1.000 kilómetros de rutas nacionales que atraviesan el Chaco, dejando amplios tramos fuera del plan de mantenimiento y atención. Ese cuestionamiento se inscribe en la Etapa III de la Red Federal de Concesiones impulsada por el Gobierno nacional, que concentra la licitación en una porción reducida de la red vial, priorizando los tramos de mayor circulación.
De la discusión vial al ataque político
La respuesta de Zdero no se centró en discutir esos números ni en detallar qué margen de acción tiene la provincia frente a la política vial nacional. Eligió, en cambio, una réplica de tono confrontativo en la que llamó “Coquito” a Capitanich y le reclamó que “devuelvan la plata”, con referencias a la causa Vialidad, los Cuadernos, el IAFEP y organizaciones piqueteras. Cerró además con una posdata: “porfa, devuelvan”.

La contestación de Capitanich también endureció el tono, pero buscó devolver la discusión al terreno de la administración provincial. “A mí no me respondas. Respondé al pueblo del Chaco”, escribió. Luego acusó a Zdero de estar endeudando a la provincia en $810.000 millones en operaciones de corto plazo durante el ejercicio fiscal, de pagar $140.000 millones anuales de intereses por deuda circulante y de haber acompañado un presupuesto sin financiamiento del déficit previsional. También lo cuestionó por una reforma laboral que, según planteó, quita más de una masa salarial, y por la falta de avances en rutas, el segundo puente y la reinserción del riacho Barranqueras en la hidrovía.
Capitanich cerró su respuesta con una definición política: “Nosotros estamos para defender los intereses del Chaco, no para subordinarnos a políticas centralistas que excluyen a nuestra provincia”.

El fondo del conflicto sigue sin respuesta clara
Más allá de las acusaciones cruzadas, el problema de fondo sigue siendo el mismo: qué lugar ocupa el Chaco en el nuevo esquema nacional de infraestructura y qué gestión concreta está haciendo el gobierno provincial frente a una reorganización que podría dejar corredores clave fuera del esquema principal de obras y mantenimiento. Ese fue el eje del planteo inicial de Capitanich y es el punto que quedó diluido en el intercambio posterior.
Y ahí está el núcleo político del episodio. Zdero no respondió a la crítica concreta sobre rutas, peajes, infraestructura y posición de la provincia frente a una decisión nacional. Desvió la discusión hacia un terreno más cómodo para la confrontación partidaria: la denuncia genérica, el golpe verbal y la referencia a causas judiciales. Es una salida discursiva eficaz para ordenar a los propios y alimentar la polarización, pero pobre para la discusión pública. En vez de explicar, acusa. En vez de responder, corre el eje. En vez de entrar al problema real, lo reemplaza por un enfrentamiento de baja calidad que produce ruido, pero no información.
La cobertura mediática y el riesgo de convertir todo en una pelea
Buena parte de la cobertura de este cruce también quedó atrapada en esa lógica. Varios medios presentaron estos episodios como un combate entre dirigentes, con foco en quién golpeó más fuerte, quién humilló a quién o quién se quedó con la última palabra. Ese encuadre puede funcionar para atraer atención rápida, pero empobrece el tema de fondo.
Cuando la cobertura se concentra casi por completo en el cruce verbal, termina haciendo dos cosas al mismo tiempo. Por un lado, amplifica la estrategia del oficialismo de desviar la discusión hacia el agravio. Por otro, deja en segundo plano la pregunta importante: qué va a pasar con las rutas nacionales del Chaco, qué gestión concreta está haciendo la provincia y qué impacto tendrá eso sobre el transporte, la producción y la vida cotidiana.
El problema, entonces, no es solo de tono. Es de calidad informativa. Si la noticia queda reducida a una pelea entre Zdero y Capitanich, el lector recibe un resumen del conflicto político, pero no una explicación suficiente del conflicto real. Sabe que hubo un cruce, pero no necesariamente entiende qué se discutía antes de que empezaran los insultos. Y eso favorece al que busca precisamente eso: tapar una crítica concreta con una confrontación más espectacular y más vacía.
En ese punto, parte del sistema de medios se convierte en una caja de resonancia de la estrategia de distracción oficialista. Porque si la respuesta de Zdero evita el tema de fondo y los medios acompañan ese desplazamiento poniendo la pelea en el centro, el resultado es una conversación pública degradada. Se habla más de estilos, chicanas y apodos que de infraestructura, deuda, financiamiento y decisiones de gobierno.
Capitanich puso sobre la mesa una crítica puntual sobre rutas, puentes e infraestructura. Zdero eligió no contestar sobre eso y reemplazó el debate por una escalada verbal. Y varios medios, en lugar de ordenar el tema y devolverlo a su eje, terminaron privilegiando la escena del choque. Así, una discusión importante para la provincia volvió a quedar reducida a un espectáculo político bastante ruidoso y bastante poco útil.

