El Día Internacional de la Mujer mantiene su carácter de lucha y reivindicación porque las desigualdades que le dieron sentido histórico no fueron resueltas. La ONU recuerda que el 8 de marzo tiene origen en las luchas obreras y en los movimientos de mujeres de comienzos del siglo XX, y que su conmemoración internacional fue asumida oficialmente por el organismo en 1975. A más de un siglo de esos antecedentes, la fecha sigue remitiendo a demandas concretas vinculadas con trabajo, ingresos, cuidados, violencia y derechos.
Desigualdad económica y de cuidados
El cuadro actual muestra por qué el 8M conserva ese sentido político. El Banco Mundial advirtió en febrero de 2026 que las leyes destinadas a garantizar igualdad de oportunidades económicas para las mujeres se aplican, en promedio, solo a medias a nivel global, y que aun con plena aplicación las mujeres seguirían teniendo apenas cerca de dos tercios de los derechos legales de los varones.
En la Argentina, la brecha también aparece en los datos del mercado laboral. Según el INDEC, en el tercer trimestre de 2025 la tasa de actividad de las mujeres fue de 52,6%, frente al 70,1% de los varones. La tasa de empleo fue de 48,7% para mujeres y de 66,0% para varones. La desocupación, además, fue más alta entre ellas: 7,4% contra 5,9%.
La diferencia también se traslada a los ingresos. En el total nacional urbano, el ingreso medio individual de las mujeres fue de $804.753, mientras que el de los varones alcanzó $1.112.200, lo que implica una brecha del 27,6%. En Chaco, la brecha fue del 23,2%, con ingresos medios de $537.743 para mujeres y $700.041 para varones. En Corrientes, fue del 24,6%, con $581.546 para mujeres y $770.995 para varones.
A eso se suma la distribución desigual de las tareas de cuidado. La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del INDEC mostró que las mujeres dedican en promedio 6 horas y 31 minutos diarios al trabajo no remunerado, contra 3 horas y 40 minutos de los varones. En la región Noreste, la carga fue de 6 horas y 18 minutos para las mujeres y de 3 horas y 18 minutos para los varones. Esa diferencia sigue condicionando el acceso al empleo, la formación y la autonomía económica.
Violencia de género y vigencia del reclamo
En materia de violencia de género, el relevamiento 2025 del Observatorio Nacional MuMaLá registró 266 femicidios entre el 1 de enero y el 31 de diciembre del año pasado, con una frecuencia de un femicidio cada 33 horas. El informe contabilizó 206 femicidios directos, 24 femicidios vinculados, 3 trans/travesticidios, 1 lesbicidio, 23 feminicidios en contextos de narcotráfico y crimen organizado, 9 suicidios feminicidas y 997 intentos de femicidio. También indicó que 184 niñas, niños y adolescentes quedaron sin madre.
El mismo informe ubicó a Chaco con 10 casos registrados en 2025 y a Corrientes con 1. Además, señaló que las tasas más altas de femicidios del año se verificaron en Santa Cruz, Misiones, Neuquén y Chaco. MuMaLá aclara que su registro se construye a partir del monitoreo de medios gráficos y digitales, buscadores, sistemas de alertas, organizaciones y redes de familiares de víctimas, por lo que se trata de un observatorio con metodología propia y no de una estadística judicial oficial.
Una fecha que sigue interpelando al presente
Con ese escenario, el 8 de marzo mantiene un sentido claramente reivindicativo. No es una fecha protocolar ni un recordatorio simbólico aislado, sino una jornada que vuelve a poner en discusión problemas estructurales que siguen abiertos: la desigualdad en el acceso al trabajo y a los ingresos, la sobrecarga de cuidados y la persistencia de la violencia de género. Por eso el Día Internacional de la Mujer conserva su carácter de lucha.

