Estos audios son como una confesion de partes, no son " ilegales" como lo denuncia el gobierno, ni es "espionaje", ya que los grabó un integrante del equipo del gobierno en una reunión entre ellos, es un pase de factura en la interna feroz en la cúpula de la gestión, se grabaron hace un año y ante el rompimiento de la relación entre ellos, los filtraron.
La cautelar que el juez Alejandro Maraniello dictó el 1° de septiembre para prohibir la difusión de los audios atribuidos a Karina Milei apenas duró unas horas como medida efectiva. Al día siguiente, el material cruzó el Río de la Plata y sonó en el canal de streaming uruguayo Dopamina, dirigido por el periodista Marcos Casas, quien decidió poner su medio a disposición de la prensa argentina en rechazo a la censura previa.
Casas explicó que la decisión fue inmediata: “A todas luces, es una violación a la libertad de prensa. Y no importa de qué lado estés, eso no está bien. Se trata de un tema que trasciende banderas partidarias”. Según contó en diálogo con PERFIL, apenas conoció la medida activó su red de contactos en Argentina y logró acceder a un fragmento de los audios que en el país estaban prohibidos.
El periodista relató que su fuente le entregó un extracto de un crudo de unos 50 minutos, como muestra de que el material existe y circula en distintos ámbitos políticos. “Lo contrasté con colegas y con la marca de agua que llevaba el audio. El Gobierno no lo negó y la reacción de Martín Menem, al hablar de ‘espionaje ilegal’, terminó confirmando su veracidad”, explicó.
En Uruguay, la cautelar no tiene ningún alcance. Por eso Casas sostiene que lo que hizo fue simplemente ejercer el periodismo: “Nos acusan de conspiración, pero somos un canal de streaming humilde, financiado por aportes de la comunidad. Yo no tengo propiedades, herencia ni vínculos partidarios. Solo hago mi trabajo”.
El escándalo ya trascendió fronteras. Para Casas, la maniobra del Gobierno argentino activó una “solidaridad regional” entre periodistas que ven en la medida judicial un precedente peligroso. “En Uruguay se respeta a la prensa, se la cuida. Meterse con un medio uruguayo por haber difundido lo que en Argentina se censura sería un lío diplomático innecesario”, advirtió.
El episodio reavivó un fantasma conocido: cada vez que en Argentina se intenta silenciar información de interés público, aparecen voces en el exterior dispuestas a amplificarla. Como en los tiempos de Radio Colonia, el periodismo cruza el río y desarma en minutos lo que en Buenos Aires se pretende ocultar.
Fuente: Perfil

