En medio del avance del desmonte y el debilitamiento de políticas ambientales, una noticia ilumina el panorama: la investigadora Micaela Camino fue distinguida por National Geographic y la Fundación Buffett por su trabajo de conservación en el norte argentino.
Camino se dedica a proteger el bosque chaqueño y al pecarí quimilero, un mamífero autóctono en peligro de extinción. Su enfoque no se limita a la biología: también incluye la defensa de los derechos territoriales de las comunidades que habitan la región.
La investigadora, que trabaja en articulación con organizaciones locales, propone una mirada integral: la preservación de la biodiversidad no puede separarse del bienestar social y cultural de los pueblos que dependen del bosque para vivir.
El reconocimiento, que se otorga a una sola persona por año en América Latina, destaca su trabajo sostenido en un contexto adverso, marcado por la pérdida de financiamiento para la ciencia y el ambiente.

El Gran Chaco es el bosque seco subtropical más extenso del planeta y una de las principales ecorregiones de América del Sur. A pesar de su valor ecológico, es también una de las zonas más deforestadas del mundo.
En este ecosistema conviven cientos de especies de flora y fauna, muchas de ellas endémicas. Pero también es el hogar de comunidades campesinas e indígenas que dependen del monte para subsistir, cultural y económicamente.
La pérdida de bosque no solo implica pérdida de hábitat para especies como el pecarí quimilero, sino también la alteración de servicios ecosistémicos clave: regulación climática, conservación del suelo y disponibilidad de agua dulce.
Frente a esta amenaza, la labor de personas como Camino se vuelve fundamental. Su trabajo demuestra que proteger la naturaleza es también defender formas de vida sostenibles frente a modelos extractivos que empobrecen territorios.

El pecarí quimilero (Catagonus wagneri) es una especie emblemática del Chaco y uno de los mamíferos más amenazados de América del Sur. Su aspecto recuerda al de un jabalí, con cuerpo robusto, pelaje oscuro y patas delgadas que le permiten desplazarse entre los matorrales secos.
Es una especie endémica, es decir, que no habita en ningún otro lugar del mundo. Su existencia está profundamente ligada a la salud del ecosistema chaqueño, del cual depende para alimentarse y reproducirse.
El quimilero tiene hábitos diurnos y se mueve en grupos pequeños. Se alimenta de raíces, cactus y frutas, lo que lo convierte en un importante dispersor de semillas. Su rol ecológico es clave para el mantenimiento de la biodiversidad del monte.
Su principal amenaza es la pérdida de hábitat por deforestación y la fragmentación del territorio. Iniciativas como la que lidera Micaela Camino buscan conservar sus poblaciones a través de la protección del bosque y el trabajo conjunto con las comunidades que aún conviven con esta especie única.
Fuente: Noticias Ambientales

