La decisión de postular a Verónica Magario como candidata a diputada provincial por la tercera sección electoral marca una nueva etapa en la interna del peronismo bonaerense. La vicegobernadora reemplazará a Cristina Fernández de Kirchner, cuya postulación quedó trunca tras su cuestionada condena en la causa Vialidad, y lo hará sin intención de asumir, en una maniobra que revive viejas prácticas del kirchnerismo para sostener poder simbólico en las listas y, sobre todo, para condicionar equilibrios territoriales.
La jugada fue acordada entre Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner, con el aval de la propia Cristina, pero no sin tensiones. El nombre de Magario fue impulsado directamente por el gobernador, quien necesitaba mantener a su vice en la órbita de su armado, en momentos en que los liderazgos dentro del Frente Fuerza Patria se reordenan. Sin posibilidad de reelección en 2027 y con la intención latente de volver a la intendencia de La Matanza, Magario opta ahora por ocupar un rol clave en campaña, aunque sin dejar la presidencia del Senado.
En los papeles, asumirá como diputada provincial, pero en la práctica su banca será para Facundo Tignanelli, actual jefe del bloque de Unión por la Patria, hombre de confianza de Máximo Kirchner y rival político directo del actual intendente Fernando Espinoza. Tignanelli es oriundo de La Matanza, al igual que Magario, y representa la avanzada de La Cámpora sobre el bastión más grande del PJ en el país, con más de 1,1 millones de electores.
Espinoza, por su parte, intentará neutralizar la maniobra con su propia candidatura testimonial como concejal, una jugada defensiva para no perder el control del distrito. La alianza entre Espinoza y Magario, aunque desgastada, resiste por conveniencia mutua, pese a los duros enfrentamientos y desconfianzas entre ambos.
El escenario refleja el deterioro institucional que implican las candidaturas testimoniales. Lejos de ser una excepción, esta estrategia ya fue usada por figuras como Daniel Scioli y el propio Massa en 2009. Ahora vuelve a escena como síntoma de una estructura política que antepone los armados internos a la representación genuina de la ciudadanía.
Mientras tanto, la Junta Electoral de la provincia aún debe oficializar las candidaturas, en medio de versiones cruzadas y posibles reacomodamientos de última hora. El peronismo bonaerense, una vez más, muestra que la verdadera campaña se libra puertas adentro. Y que, en La Matanza, nada se decide sin conflicto.
Fuente: La Nación

