Según el INDEC hubo un aumento que representa una leve aceleración tras dos meses con cifras más bajas, y que acumula un 15,1% en el primer semestre. Sin embargo, este dato oficial genera dudas y cuestionamientos en sectores económicos y analistas privados, quienes señalan que la realidad del mercado y los precios al consumidor reflejan aumentos mayores, especialmente en bienes esenciales.
Según el INDEC, las subas más significativas de junio estuvieron en la educación (+3,7%) y en el rubro vivienda, agua, electricidad y otros combustibles (+3,4%), donde se destacaron incrementos en alquileres y expensas. En cambio, los alimentos —un componente clave en la canasta familiar— apenas subieron un 0,6%, una cifra muy inferior a la registrada en relevamientos privados y en la percepción cotidiana de los consumidores.
La inflación núcleo, que excluye precios regulados y estacionales, se situó en 1,7%, el nivel más bajo desde mayo de 2020, según el propio INDEC. Sin embargo, datos de fuentes privadas y análisis sectoriales revelan que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, productos básicos como el pan, la carne vacuna y los combustibles han acumulado aumentos que superan ampliamente esos porcentajes en lo que va del año. Por ejemplo, el pan registró subas del 12% solo en abril, la carne tuvo incrementos mensuales que en algunos meses superaron el 10%, y las naftas subieron casi un 10% entre enero y junio.
Además, el contraste entre la inflación general reportada y la evolución de los alquileres es llamativo. Aunque el INDEC señala que vivienda, agua, electricidad y combustibles subieron un 3,4%, contratos de alquiler bajo el índice ICL han sufrido aumentos interanuales que superan el 80% o incluso el 149% en ciertos meses, una disparidad que vuelve cuestionable la magnitud real del impacto en el gasto familiar.
Analistas como Daniel Schteingart destacan la “mejor a lo esperado” medición núcleo y Auxtin Maquieyra señala la importancia de observar la política fiscal y monetaria para que la desinflación continúe. Sin embargo, la diferencia entre las cifras oficiales y las experiencias reales de los consumidores genera un clima de desconfianza respecto a la precisión de los datos.
Esta discrepancia sugiere que la inflación medida por el INDEC podría no reflejar completamente el costo real que afrontan los hogares argentinos, con importantes sectores de la economía donde los precios suben a un ritmo que no se refleja en el índice oficial. Esto abre la discusión sobre la necesidad de revisar la metodología o ponderaciones utilizadas, y cuestiona el relato oficial sobre el supuesto control inflacionario, en un contexto donde el poder adquisitivo sigue en deterioro y el impacto social de la inflación es palpable en el día a día.
Fuente: Ambito

