El gobierno nacional transformó lo que debía ser un congreso partidario en La Plata en un acto de fe política, con Javier Milei en el rol de guía único, José Luis Espert como abanderado provincial, y el gabinete nacional como coro ideológico. La escena, plagada de eslóganes extremos, insultos a la oposición, descalificaciones institucionales y un diagnóstico catastrofista del Estado bonaerense, sirvió como plataforma de campaña para un oficialismo que apuesta todo a la confrontación total.
Bajo el lema “Kirchnerismo o libertad”, Milei y los suyos desplegaron su arsenal discursivo: el Estado es una “covacha de inútiles y corruptos”, los opositores “cucarachas” y “soviéticos”, los sindicatos “mafias”, y la justicia provincial, un “desastre”. En ese escenario binario, se propusieron —una vez más— “dinamitarlo todo” sin precisar cómo ni con qué institucionalidad piensan reconstruir lo que quede en pie.
José Luis Espert, virtual candidato en Buenos Aires, no se apartó del libreto: prometió bala, cárcel y motosierra. El Estado sería reducido a su mínima expresión, los impuestos eliminados, y la represión, endurecida. Para lograrlo, según prometen, no se necesita consenso, sino un “choque de modelos” donde todo el que no adhiera a la doctrina oficialista queda alineado del lado del atraso, la corrupción o el crimen.
Patricia Bullrich, convertida ya en voz de la línea dura libertaria, profundizó ese tono de confrontación al declarar que “la provincia está apresada por el comunismo”, mientras su par en Salud, Mario Lugones, culpó a los gremios del estado sanitario. No hubo propuestas detalladas ni planes de gestión específicos, solo una sucesión de denuncias grandilocuentes y frases de ocasión.
Sturzenegger, Caputo y Cúneo Libarona completaron el acto con una promesa de ajuste permanente, reforma judicial punitivista y eliminación de derechos en nombre de una “libertad” que se traduce, en la práctica, en achique del Estado, debilitamiento de los organismos de control y precarización de lo público.
El encuentro mostró además la fragilidad del armado libertario en Buenos Aires: mientras voceros del oficialismo buscan aliarse con sectores del PRO, varios intendentes amarillos advierten sobre las exigencias desproporcionadas de los libertarios en la conformación de listas. Ni siquiera dentro de las fuerzas que dicen compartir “los valores de la libertad” parece haber consenso.
En definitiva, La Libertad Avanza presentó un show de promesas vacías, ataques furibundos y una fe casi religiosa en la figura de Milei como salvador nacional. Una puesta en escena electoral donde el programa político se reduce a dinamitar, insultar y concentrar poder. Una estrategia peligrosa que deja poco margen para el diálogo democrático y mucho terreno fértil para el autoritarismo.
Fuente: Ambito

